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Al que desafió su propio cuerpo y mente.
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Al que se propuso conseguir una meta primero y otra después.
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Al que se animó.
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Al que un día se convirtió por un instante en Filípides.
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Al que llevó la palabra paz a si mismo.
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Al que transmitió fe, entusiasmo y voluntad para lograr lo aparentemente difícil.
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Al que alguna vez sintió la soledad y la fatiga de los 35 kilómetros.
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Al que corre, sin importarle el premio material.
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Al que alguna vez recordó a Juan Carlos Zabala, Delfo Cabrera y Reynaldo Gorno
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Al que le hizo frente a un objetivo no tan imposible.
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Al que mostró un espejo, donde puedan mirarse sus hijos.
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Al quien todavía cree se puede hacer algo sin tener que lograr un rédito económico.
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Al que admira a un discapacitado por hacer lo mismo que uno, pero... con más que uno...
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Al que está nervioso en la largada, y se entusiasma a los 10 kilómetros.
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Al que disfruta a los 15 kilómetros y se siente capaz a los 20 kilómetros
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Al que le duele a los 25 kilómetros...
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Al que casi se rinde a los 30 kilómetros...
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Al que dice puedo a los 35 kilómetros...
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Al que se emociona a los 40 kilómetros ... y llora como un hombre a los 42,195 kilómetros, la meta soñada.
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Al que agradece al Ser Supremo, por poder correr y sonríe mientras lo hace.
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A vos, “corredor”, por que ”siento” lo que “sentís”...